El propio Custodio de Tierra Santa subrayó las tres dimensiones que, a su juicio, adquiere este hermanamiento: espiritual, social y de esperanza. La primera, vinculada a la veneración de las reliquias y a la unión de los fieles; la segunda, al conocimiento de Tierra Santa y al impulso de las peregrinaciones; y la tercera, al apoyo y cercanía hacia las comunidades cristianas que permanecen en Tierra Santa