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Liébana, tierra de tesoros por descubrir

jueves 16 diciembre 2021

Existen varias maneras de llegar a la comarca de Liébana. Una de ellas es a través del "esófago de La Hermida" tal y como lo llamaba el escritor Benito Pérez Galdós, que escribía: "Llaman a aquello garganta; también puede llamársele propiamente el esófago de La Hermida, porque al pasarlo se siente uno tragado por la tierra. Es un paso estrecho y tortuoso entre dos paredes, cuya alta cima no alcanza a percibir la vista[...]", Pérez Galdós, Benito (1895). Cuarenta leguas por Cantabria.

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Hay quien lo denomina la pequeña Suiza, pero por qué vamos a compararnos a otro lugar si Liébana alberga sus propios tesoros por descubrir a lo largo y ancho de sus valles. Los paisajes son de profunda belleza y relieves extremos, donde los Picos de Europa se imponen como protagonistas y guardianes de estas tierras. El Cornón en la sierra de Peña Sagra, quizá algo eclipsado por los Picos, nos hace viajar a las posibles batallas que se fraguaron en el Monte Medulio.

Liébana es además lugar de peregrinación, pues hacia ella se dirige el Camino Lebaniego con destino a Santo Toribio de Liébana. En este enclave, privilegiado en situación, descansan los restos de Santo Toribio, también lo hace el Lignum Crucis y todo que aquel que quiera visitar el Monasterio y sus alrededores. A su vera el monte La Viorna es testigo de los años jubilares y lo será del próximo que tiene lugar en el 2023.

Un territorio rico en biodiversidad

Los paisajes son muy recurridos a la hora de describir un territorio, pero lo que realmente hace saludable un entorno es su biodiversidad. En este sentido, todos los pobladores deben conocer la riqueza en fauna y flora que cohabita con las actividades antrópicas. Los autóctonos a veces incurrimos en el error de no conocer o valorar todo lo que nos rodea, pero basta con echar un vistazo a los grupos de ingleses, alemanes, franceses y otras nacionalidades que vienen a Liébana para ver; por ejemplo, cómo el treparriscos se desplaza por las paredes de las casas en invierno, o las mariposas, o endemismos como el cerambícido Rosalia alpina, e incluso mirar con fascinación cómo surca el buitre leonado y el quebrantahuesos los cielos.

Todo lo que es tan obvio para nosotros es objeto de fascinación para los foráneos. Las chovas piquigualdas, las que erróneamente se llaman grajas o cuervos, es una especie que de todo el territorio español sólo habita en la Cordillera Cantábrica. El oso pardo, el gato montés u otros carnívoros menos queridos, que ni se pueden nombrar por controversias cada vez que se pronuncia su nombre, son grandes tesoros por descubrir y preservar.

Las ‘gentes lebaniegas’

Como pilar indispensable y eje que puede generar cohesión en el territorio están las ‘gentes lebaniegas’, currantes a destajo y con fuerte vínculo a sus tradiciones. Y, es que, sin pasión no hay atracción. De esto la comarca está servida, por eso se ha convertido en uno de los lugares de destino de muchos turistas, peregrinos, ornitólogos, enólogos, gourmets, montañeros… En Liébana hay multitud de planes ligados al territorio, incluso fiestas típicas que atraen cada vez a más visitantes… La Santuca, La Virgen de la Salud, Nuestra Señora de Valmayor en Potes… Y otras como la recién celebrada Fiesta del Orujo.

Cuidar y preservar el patrimonio en todas sus extensiones es fundamental para no morir de éxito y que las actividades sean sostenibles, que no comprometan el futuro del territorio.

-Promoción y difusión de todas las riquezas y valores, pero siempre desde la óptica de la conservación de todo aquello que alzó a estas tierras a la fama-.

Autoría: Natalia Magdalena González-Cuevas

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