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Hablemos del Monasterio II

miércoles 04 octubre 2017

[…] En el año 1256 se construye la actual iglesia, con el apoyo económico de los fieles, por medio de indulgencias concedidas para tal fin, por medio de indulgencias concedidas para tal fin por el obispo palentino Fernando.

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El templo sigue las directrices del gótico monástico de influencia cirterciense, con la claridad de líneas y de espacios y la sobriedad decorativa que caracteriza a la arquitectura de San Bernardo. La planta rectangular proporciona un espacio diáfano y la prismática torre a los pies de la nave central remarca el carácter medieval del conjunto (su fisonomía sería similar a la de la Abadía de los Cuerpos Santos, actual catedral de Santander).Han desaparecido las construcciones que cerraban el atrio y proporcionaban un aspecto más recoleto al monasterio.

A exterior destaca la fachada meridional en donde se encuentran las dos portadas. La más amplia es la principal, en arco apuntado rodeado de arquivoltas concéntricas que apoyan en capiteles cuyas representaciones simbólicas hacen referencia a los sacramentos. También aparecen dos jóvenes llevando el escudo pontificio, en alusión a la Bula papal, y águila con las alas explayadas, símbolo de Cristo.

A si derecha y embutida junto a un contrafuerte se construyó la Puerta del Perdón, que se abre solemnemente para el Jubileo, de estilo románico arcaizante, posiblemente realizada en el siglo XVI, época en que se concede oficialmente el Jubileo. Los relieves que adornan la hoja de la puerta fueron realizados por el escultor y erudito Manuel Pereda de la Reguera. La puerta se abre cada Año Jubilar por el Obispo de Santander, que la golpea con un martillo de plata decorado con el escudo del monasterio y es transportado en una bandeja peritoria flamenca del siglo XV.

A los pies de la edificación se eleva una maciza torre de campanas, en cuyo interior se encuentra el coro y recientemente se ha construido una capilla penitencial.

Por encima de los tejados de la iglesia se admira la linterna poligonal que corona la capilla del Lígnum Crucis.

Las arcadas apuntadas del atrio, junto a los ábsides del templo, dan acceso al claustro monástico, a cuya entrada se encuentra un admirable relieve del notable escultor Jesús Otero, de Santillana del Mar. Representa a Beato en su scriptórium.

Interior

Posee el templo una cabecera de tres ábsides poligonales y un cuerpo de tres naves de similar altura, si bien la central es más amplia y alta que las laterales. Los pilares son cruciformes, a cuyas caras se adosan columnas poligonales o circulares que reciben los arcos torales y formeros.

Todas las bóvedas son de crucería y algunas llevan ligaduras o nervios de refuerzo. De tipo sexpartita son las que cubren los tramos laterales del crucero, espacio que en estos antiguos monasterios se dedicaba al coro de monjes. Los nervios apoyan en ménsulas decoradas con cabezas humanas, en alusión a los santos del cielo.

No existen pilares adosados a los muros laterales sino que los arcos descansan en ménsulas embutidas, características de la arquitectura cisterciense.

Los dos últimos tramos de las naves son más largos que los anteriores, reforzando la función pública de los mismos.

La escasa decoración se concentra en los capiteles. Los del ábside llevan decoración figurada de cabezas humanas y de animales (el toro y el oso, que según la leyenda ayudaron a Santo Toribio a construir la iglesia), mientras que en las naves la decoración es geométrica o moldurada.

En el ábside del evangelio se conserva la estatua yacente de Santo Toribio, documentada ya a principios del siglo XIV, en madera de olmo y policromada, dataría de la misma época que el templo.

Se veneraba en una pequeña capilla o cripta subterránea, hoy desaparecida. Conserva la policromía original, pero ha perdido el volumen de los pliegues por la costumbre de algunos peregrinos que tomaban astillas de la estatua como reliquias.

El ábside central está presidido por la Virgen de los Ángeles, imagen renacentista en madera de bella factura, que procede de la ermita homónima situada en el entorno del monasterio.

Las vidrieras fueron realizadas por el artista Tomás Saiz Castillo, conjugando la técnica medieval con el diseño moderno y sus motivos se basan en ilustraciones de “beatos”.

El actual órgano tubular es alemán, consta de 20 juegos y procede de una parroquia de Viena. El antiguo órgano estaba situado en el último tramo de la nave del evangelio, sobre una tribuna a la que se accede por una puerta, ahora tapiada.

El claustro

El claustro, de sabor herreriano, es una obra del s.XVII, caracterizado por su severidad, proporciones y bien labrada sillería. Destacan las decoradas portadas que acceden a la capilla del Lígnum Crucis y a su correspondiente coro.

La capilla del Lígnum Crucis

Está constituida por una sola nave de tres tramos, de los cuales el primero sirve de presbítero y sobre el intermedio se eleva una magnifica cúpula con linterna. Impresiona la extraordinaria calidad de la labra pétrea, en cuyas perchinas están representados los evangelistas, entre una exuberante decoración de guirnaldas y amorcillos, elementos simbólicos que, junto con los signos de la Pasión y motivos heráldicos, se repiten en la linterna. Se atribuye su construcción al asturiano maestro Plaza.

En un bello baldaquino dorado, situado en el centro del presbiterio, construido hacia 1705 siguiendo las trazas de Fr. Pedro Martínez de Cardeña, se guarda en una cruz de plata dorada del siglo XVII, reformada en diversas épocas, el Lígnum Crucis. La reliquia estaba acompañada de otros fragmentos de la cruz, que fueron donados al Almirante de Castilla, benefactor del monasterio, y éste a diversos conventos a finales del dicho siglo. El traslado a Medina de Rioseco, para su compostura en la cruz de plata fue acompañado de diversos prodigios.

En un arcosolio situado en el muro del evangelio se encuentra la estatua del arzobispo Otero y Cossío (1640-1714). Inquisidor en Madrid y arzobispo en Santa Fe de Bogotá (Colombia), que envío 12.000 pesos para construir esta capilla del Lígnum Crucis. Se atribuye la escultura, al igual que los relieves de la cúpula, al escultor asturiano Antonio de Borja.

El Monasterio de Santo Toribio de Liébana y el patrimonio artístico de Liébana

Enrique Campuzano

El Año Jubilar Lebaniego

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